Grietas
Ojalá que todas las grietas que tengo en el cuerpo y en el alma estuvieran en mi memoria para que no tuviera que pensarte tanto. Para no estar tan herido, tan deprimido, tan confundido.
Ojalá que no hubiera entrado tanta luz por mis ojos llenándome de oscuridad. Ojalá no hubiera prestado atención, para vivir indiferente, para no importarme, para no quererte ver.
Pero todo personaje que intento crear acaba en ti. Pero toda escena de amor en mi mente y en el cine es contigo. Pero quiero verte en todos lados suponiendo, o esperando, que no estés con alguien más.
Yo estaba lejos. Ajeno a toda tentación y a doscientos abismos de ti. Todo estaba en clama; cada uno en su capullo, aunque yo con la mirada en la Tierra y el corazón en la Luna. Estabas aquí sin verme. No te pensaba; no te oía y tu olor no llegaba con el viento como antes. Nada ni nadie me hablaba de ti. Tú aquí y yo allá, separados como polos. Tú aquí y yo allá; en paz, sabiendo que nuevas vidas nos esperaban por separado. Di todo por sentado y me acostumbré, me relajé y aprendí a arrullarme solo.
Pero después de saltar doscientos abismos aquí estoy y algo cambió, volviéndome loco con cada piedra que seguramente pisaste del mismo suelo que ahora piso yo.
Me muero por saber de ti. No sé qué sientes. Tal vez escribas en paralelo con ojos húmedos que también me extrañas. Tal vez los astros estén alineados, pero en unas horas podrían romper filas hundiendo la oportunidad en un profundo agujero negro.
Y surgen las imágenes y surgen los recuerdos en una dicotomía agridulce, aunque en todos estás sonriendo entre auras de color pastel.
Ahora cada milímetro que está recorriendo mi primera lágrima es una palabra tuya que dejé de escuchar. El golpe al caer sobre la hoja de papel es una tormenta concentrada que crea ondas expansivas en mis deseos, dudas e inseguridades, hasta formar esas malditas grietas en los diques, las mismas que rompen mi cuerpo y mi alma hasta inundar mi presente con toda esa sangre que por mucho tiempo, y quizá aún, te dediqué y te entregué sin avisar y sin siquiera saberlo yo.
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